Es un atasco interminable bajo el aguacero de una noche de septiembre entrando a la ciudad, los semáforos parpadean en ámbar intermitente y los coches iluminan con sus luces blancas las luces rojas del siguiente. Es como si pudieses elegir:
Renault Megane gris: ella tiene un lunar en el ombligo, odia tirar la basura y vive sola en un apartamento de caravista hipotecado de por vida, hace poco que volvió a trabajar como administrativa en un almacén de muebles, tuvo un novio en el pueblo que le duró hasta el año pasado cuando él le puso los cuernos, sus amigas le dicen que salga, pero todavía no se atreve, baja un poco la ventanilla y saca los dedos para tocar la lluvia.
Seat Toledo rojo con un golpe en el lado izquierdo: se llama Ramiro, llegó a España hace cinco años convencido por su primo que trabajaba de albañil, un año después, se trajo a su esposa y a los tres niños, hace dos que está en paro, últimamente, reforma de vez en cuando la casita de campo de unos abuelitos entre naranjos, en la cena de fin de año, su primo le dijo que habían visto a su señora con otro en su casa, desde entonces duerme mal.
Fiat Punto blanco: en el colegio le llamaban el Tirillas porque siempre se enfadaba enseguida, se casó con Maribel en cuanto pudieron, luego vino Héctor y luego la pequeña, Beatriz, hace más de dos años que no trabaja un solo día, viene de casa de sus suegros, de pedirles otra vez dinero, pues en el banco ya le han vuelto a llamar y le están saliendo canas cada vez que llega a casa y todo son malas caras y la puta amenaza de me voy a poner a fregar escaleras, él contesta que hará lo que sea, de hecho, le suena el móvil, es ella aunque la pantalla está rota, el problema es que no sale ni lo que sea.
Entre los coches, bajo la lluvia, muletas de aluminio y pierna vendada: se llama Álex, nació en Rumanía no hace tanto, toda su familia son mendigos, él se casó el año pasado, cuando consiguieron que los padres de ella la dejaran venir a España, viven en una chabola dentro de una antigua fábrica de cervezas, no odia a la gente, les sonríe con su diente de oro, tampoco siente curiosidad, su oficio es ése, y ahora ella está embarazada y mañana irán a una asociación de médicos que les han dicho para saber cómo va a dar a luz, les toca en los cristales pero hoy nadie baja la ventanilla a pesar de que él sonríe con su diente de oro.
Mercedes Clase C 220: no mira al mendigo rumano que le toca a la puerta, ni a la solterona del coche de al lado que sólo hace que mirarse la tripa, ni al panchito de al lado que se le ha parado el coche, ni al del Fiat de atrás que está discutiendo a gritos por teléfono, tan sólo escucha Radio Nacional bajo la lluvia y mira al llavero de plástico azul que tiene entre las manos, como lleva haciendo todo el día en el concesionario donde trabaja, le gustaba su trabajo, de hecho, en cuanto ha salido de los juzgados con la sentencia de divorcio en la cabeza, se ha ido a trabajar, bueno, a mirar ese maldito llavero de un apartamento que se ha tenido que alquilar mientras que se arreglen las cosas.
Ford Fiesta rojo de tercera generación: ella le mira a él y quisiera confesarle que tiene un lunar aquí que anoche no vio, que le gustaría tener dos hijos, un niño y una niña, que le gustaría un día viajar a América todos juntos y cruzar el océano en un trasatlántico, que no le importa el dinero, que no le importa cómo será su piso donde la lleva a pasar la segunda noche de enamorados desde que se conocieron en el taller de reparaciones, que está enamorada, eso le gustaría decirle mientras él, dándole de vez en cuando al limpiaparabrisas, piensa en el coche de la izquierda, en el Mercedes que lleva, en la envidia que le da.
Texto: Álvaro García.
Ilustración: Alberto Montt.

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